- El hormigón y los besos –

BesoLos jueves era el día en que salíamos a cenar cuando yo vivía en Barcelona. Nos veíamos prácticamente cada día, también los fines de semana en Salou, pero era el jueves que yo la iba a buscar a la salida del colegio y entrábamos en un cine al lado del Corte Inglés de la plaza Catalunya o de la Calle Caspe. Después íbamos a cenar, a Finisterre o a Azpiolea y se quedaba conmigo hasta el amanecer.

La acompañaba, dándonos un paseo, hasta su casa y desandaba yo el camino hasta la mía bajo la luz intransigente mezclada de azules y rojos del alumbrado forzadamente velados por los primeros destellos del día. La soledad del hormigón por calles desiertas amenazando con el vertiginoso despertar de una ciudad que giraría enfebrecida en pocas horas. Hormigón, cemento, ladrillos y luces artificiales; miserable recipiente de vidas y gentes preñado de encantos en la soledad del alba.

Pasaba yo cada viernes al amanecer, sin prisas, frente a un mastodóntico bloque de cemento anguloso y hormigón prefabricado y por meses siempre me pregunté si alguien pudiera ser capaz de encontrar abrigo para sus sensaciones a los pies de tan inhóspita presencia.

Hace algún tiempo pasé, también de madrugada, frente a ese edificio hostil e inerte; en su escalinata había una pareja, ambos muy jóvenes, robándole el tiempo al día que ya despuntaba.

Será, me dije, que todo es posible incluso al abrigo de los hormigones.

- A. Lemprier -

 

Beso

- East Side Gallery

Irónica pintura sobre el célebre beso entre Erich Honecker y Leonid Bréznev

 

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